Sientes que el tiempo se te escapa de las manos, que vives en una constante carrera, o que la mente nunca se detiene?

En el mundo actual, donde el ritmo de vida acelerado, las exigencias laborales y personales, y la constante conexión digital nos empujan a un estado de alerta casi permanente, encontrar la desconexión y el equilibrio interno se ha convertido en un verdadero desafío.

Nuestro sistema nervioso, esa compleja red que rige cada aspecto de nuestro ser, se encuentra bajo una presión constante, a menudo sin tregua.

Curiosamente, incluso la resonancia Schumann —la «pulsación» o «latido» del campo electromagnético terrestre— ha ido mostrando cambios en su intensidad y frecuencia. Factores como la actividad de las tormentas eléctricas globales y, sobre todo, la intensa actividad solar, influyen directamente en esta «pulsación» de nuestra Tierra. La ciencia aún investiga el impacto directo de estas fluctuaciones en el cuerpo humano, no sabemos con certeza si la Resonancia Schumann tiene que ver con esta sensación de aceleración. Lo que sí podríamos preguntarnos es: ¿No será que nuestro estilo de vida actual nos ha alejado demasiado de los patrones naturales de luz/oscuridad y actividad/descanso, inherentes a nuestra biología humana, causando alteraciones en nuestro ciclo circadiano, falta de sueño y favoreciendo un persistente estado de estrés crónico?

Es innegable que esta sensación de que «el tiempo se acelera» se ve exacerbada por la creciente desconexión del ser humano de su ritmo natural esencial. La inmersión constante en el ámbito digital —nuestros móviles, las redes sociales, la avalancha de información— está poniendo a prueba la resiliencia de nuestro sistema nervioso, alejándonos del ritmo orgánico de la existencia.

La buena noticia es que existen remedios naturales y prácticas sencillas que pueden ayudarte a restaurar la armonía y a reconectar con ese estado de bienestar profundo que anhelas.  

Por esto he decidido escribir varios artículos para profundizar en este tema. 

El primer paso que te sugiero hoy, es algo simple y poderoso a la vez: el contacto con la naturaleza.

 

Primero: Enraízate

En nuestra vida moderna, con el uso de calzado aislante y la constante exposición a dispositivos electrónicos, nuestro cuerpo puede acumular una especie de «electricidad estática» o una sobrecarga de iones positivos que se asocia directamente con la inflamación y el estrés.

Aquí entra la magia del contacto directo con la Tierra (grounding o earthing). Al caminar descalzo sobre superficies naturales y conductoras como la arena húmeda de la playa, la hierba fresca o la tierra, los electrones libres de la Tierra pueden transferirse a tu cuerpo, ayudándolo a equilibrarse. ¡Es como una descarga de energía acumulada! Estos electrones actúan como poderosos antioxidantes, neutralizando los radicales libres y ayudando a reducir la inflamación en tu cuerpo. Se cree que el grounding ayuda a cambiar tu sistema nervioso de un estado de «lucha o huida» (ese estado simpático asociado al estrés) a un estado de «descanso y digestión» (el parasimpático, asociado a la relajación). Esto se manifiesta en una reducción del cortisol (tu hormona del estrés) y una mejora en la variabilidad del ritmo cardíaco, indicadores de una mayor capacidad para adaptarte y responder al estrés.

El simple gesto de caminar descalzo sobre la hierba puede ser el primer paso para reconectar con tu esencia, para ello te invito a que lo hagas de forma consciente.

Céntrate en cada paso que estas dando, siente el peso de tu cuerpo en las plantas de tus pies, sé consciente de tu postura y de tu respiración, no tengas prisa. Disfruta de lo que tus sentidos te están transmitiendo: la temperatura del aire, la caricia del viento o el calor del sol sobre tu piel, los olores y los colores del paisaje que te rodea. Sé presente en cada paso, como si fuera el primero.

En los siguientes artículos, exploraremos más remedios para que sigas cuidando de tu sistema nervioso.


 

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